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SECCIÓN «TEXTOS, POEMAS Y RELATOS DE ESCRITORES INVITADOS». Relato corto: «Del dicho al hecho», por Maria Florinda Loreto Yoris.

Aquel día fatídico en el que una bomba incendió el ala este del Centro Empresarial del Oeste, había amanecido despejado y todo indicaba que no llovería.

Como cada miércoles por la mañana, Ernesto Rafael López Fuentes acudió a su cita ineludible con su colega, tocayo y mejor amigo Luis Rafael Isturiz. Ambos abogados de profesión, tenían la costumbre de reunirse semanalmente para tratar temas de interés, fuera del frío de su oficina y en un lugar neutral, en medio del contacto con la gente.

Eran las nueve de la mañana cuando Ernesto llegó al local “La cita empresarial”, ubicado en el piso 10 del Centro Empresarial del Oeste. Si bien ese día de la semana evitaba vestir de traje, llevaba una camisa manga larga color amarillo pálido, sin corbata y pantalón gris de vestir. Al entrar al local, ya Luis lo esperaba en la mesa de siempre, junto al ventanal que daba a la avenida principal y desde donde, además, podía apreciarse el corredor vial. A Luis era muy fácil reconocerlo, siempre llevaba camisa blanca y pantalón negro, y tampoco llevaba chaqueta cuando se reunía con Ernesto.

Al verlo en la puerta, Esteban Freites, Chef profesional e hijo del dueño del local, se acercó a saludar al joven abogado que acababa de llegar. Ataviado de cocinero y con la sonrisa propia del anfitrión ideal, le dio la bienvenida y lo invitó a pasar. Solía ser un lugar bastante concurrido, por eso Ernesto y Luis preferían llegar temprano.

Una vez en la mesa y dispuestos a desayunar, tocaron el tema obligado que más solía ocuparlos.

—Ernesto, hermano. Tú me conoces, sabes que creo fielmente en la ley y en el diálogo. ¿Crees que logremos que procedan nuestros reclamos acerca de la violación de los Derechos Humanos?

—No lo sé, pero tenemos que seguirlo intentando.

Mientras desayunaban, en los monitores que había en varios puntos del local, hubo una interferencia repentina y ocurrió un corte eléctrico. Algunos clientes se levantaron de sus sitios y se apresuraron a acercarse al ventanal. Desde allí podía verse una multitud de personas en clara actitud de protesta. Todos llevaban pancartas y gritaban al unísono “¡YO RECLAMO MIS DERECHOS!”.

Dada la situación, la clientela de “La cita empresarial” salió del local y todos comenzaron a bajar por las escaleras de emergencia alumbrando los pasillos con las linternas de sus teléfonos celulares. Al llegar a la planta baja, se supo que un par de manifestantes enardecidos habían cortado los cables y por eso se había ido la luz. El bullicio era descomunal y ya los cuerpos de seguridad habían llegado a contener la protesta.

Toda la avenida estaba tomada por ancianos, médicos, enfermeras, pacientes crónicos, desempleados y hasta defensores de la vida de los animales que se aventuraron también a llevar a sus mascotas, de cuyos cuellos colgaban carteles que decían “Mi opinión también cuenta” “Tengo derecho a mis vacunas” y “Yo apoyo a mi familia. Más salario, más perrarina”.

—¿Exactamente qué es lo que reclaman? —preguntó un periodista a una anciana que llevaba una pancarta donde podía leerse: “ESTOY HARTA. YO RECLAMO MIS DERECHOS”.

—¡Todo mijo, todo! —contestó ella mientras agitaba la pancarta con fuerza.

En medio del bullicio y el desorden propios de la situación, se escucharon detonaciones y quienes estaban todavía del lado de adentro del edificio se tiraron al piso. Reinaba una gran confusión y la gente empezó a gritar cada vez con más fuerza. Se escuchaban tanto consignas como alaridos de mujeres al borde de la histeria por no saber qué hacer, Los gases comenzaban a sentirse y algunas personas no podían respirar.

Los manifestantes se vinieron hacia el cordón de seguridad para tratar de convencer a los oficiales de no arremeter contra ellos, pero uno de los guardias tumbó al suelo a un anciano que protestaba por falta de medicinas y tres manifestantes que no vieron que estaba en el piso le cayeron encima producto de los empujones.

La gente estaba enloquecida y Luis quiso intervenir para ayudar a levantar al anciano y hacer entrar en razón a la policía. Fue inútil porque al dirigirse al oficial responsable de la agresión lo que sintió fue un golpe en el medio de la cara que le hizo sangrar la nariz, lo detuvo en seco y lo mandó de nuevo a donde se encontraba Ernesto.

Las bombas y los disparos comenzaron a sentirse más seguidos y la gente optó por resguardarse dentro del Centro Empresarial que continuaba sin servicio eléctrico. Desgraciadamente la policía lanzó dos bombas lacrimógenas dentro de la edificación y quienes se encontraban allí tuvieron que correr de nuevo hacia las escaleras de emergencia, como cucarachas huyendo del insecticida.

En medio de la confusión, se escuchó a un hombre gritar “¡Auxilio, por favor un médico. Mi mujer está rompiendo fuente!” pero de nada le valieron los gritos. En ese momento la prioridad era escapar de los gases y poder respirar.

—¡Ni se te ocurra decir que tienes ganas de orinar! —dijo Luis a Ernesto, mientras le lanzaba una mirada asesina como cuando alguien te quiere degollar.

—No, hermano. Aquí no vale vejiga llena. ¡Aquí lo que vale es correr!

Se regó como pólvora que había tres heridos de bala en la entrada del edificio y que un par de oficiales había arrastrado por los cabellos a una manifestante que dijo tener cuatro meses de embarazo al momento de notarse que sangraba por el pantalón.

La gente se dispersó como pudo y Ernesto y Luis lograron escapar de los gases al encontrar la puerta que los condujo a la parte trasera del edificio, donde algunos manifestantes se resguardaban debajo de los autos. Muchos querían ya abandonar el lugar, pero toda el área estaba tomada. Las detonaciones cesaron y Ernesto quiso saber qué noticias corrían sobre lo que allí estaba pasando, pero su teléfono se había quedado sin batería.

De los presentes, alguien advirtió que podrían salir por una puerta lateral que conducía a la avenida paralela. Había heridos de bala y la situación se complicaría aún más, así que debían salir de ahí cuanto antes. Luis miró a Ernesto y ambos asintieron.

—Tenemos que irnos, aquí no hay como mediar —expresó Luis con pesar.

—Ya ves, hermano. Por más que queramos paz y equidad, hay situaciones que se nos escapan de las manos. Esta es una de ellas.

Los tocayos se guardaron su idealismo el tiempo suficiente para abandonar el lugar y ponerse a salvo. Caminaron varias cuadras a paso acelerado y, cuando consideraron estar fuera de peligro, escucharon una explosión descomunal y vieron elevarse hasta el cielo una enorme nube negra. Justo donde quedaba el Centro Empresarial.

—Ernesto, hermano. ¿Crees que logremos algún día detener la violación a los Derechos Humanos?

—No lo sé, pero tenemos que seguirlo intentando.

Los dos amigos siguieron su camino, quedaba mucho aún por lo cual luchar. Eso les había quedado perfectamente claro, el día que una granada incendió el ala este del Centro Empresarial del Oeste.

Maria Florinda Loreto Yoris

Twitter: @mariafloreto
Facebook: Facebook perfil

Perfil de autora en Smashwords:

https://www.smashwords.com/profile/view/mariafloretoyoris

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Publicado por Maria Florinda Loreto Yoris

Publicista y Astróloga venezolana, egresada del Centro de Encuentros Astrológicos Venezolano (CEAV), dirigido por Enrico Mariani, en 1998. Especializada en Astrología Esotérica. Con más de 20 años de experiencia en el campo de la Terapia Floral, en los sistemas Bach, Mediterráneo, Alba, Caribe, Orquídeas del Amazonas y Flores de Valeriano. Autora de "Autosanación por medio de la Astrología y las Flores de Bach" Júpiter Editores 2002. Miembro de Astrólogos del Mundo desde Junio de 2009. Tarotista y Taróloga. Actualmente es Escritora Independiente.

2 comentarios sobre “SECCIÓN «TEXTOS, POEMAS Y RELATOS DE ESCRITORES INVITADOS». Relato corto: «Del dicho al hecho», por Maria Florinda Loreto Yoris.

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