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DOMINGO DE NOVELA: Novela corta de romance «Flores para Celia», Capítulo 5.

Aquel viernes por la mañana, Fernando fue incapaz de concentrarse en el trabajo. No podía dejar de pensar en que Celia ya había llegado a Santa Clara. Así se lo había comunicado Katrina la noche anterior, diciéndole con mucha naturalidad que le había dado su teléfono a Celia para que lo llamara porque ella y el resto del equipo iban a estar muy ocupados en el teatro ultimando los detalles del evento.

No había más nada que hacer.

Katrina era de armas tomar y había lanzado a Fer a enfrentar no solo la posibilidad del rechazo, sino cualquier cosa que a Celia se le ocurriera hacer al saber que detrás de aquella invitación estaba él. Solía ser un hombre muy seguro y había tenido mujeres antes y después de haber roto con Celia, pero cuando se trataba de ella lo invadía el pánico al rechazo y a la pérdida. Esta vez tendría que demostrar que los años no habían pasado en vano y que estaba dispuesto a enfrentarla para pedirle perdón y lograr volver con ella para siempre.

Durante los años que estuvo en Nueva York se había sentido culpable muchas veces. Desde que decidió regresar a Santa Clara, no solo lo carcomía la culpa sino que el deseo de volver a ver a Celia lo quemaba por dentro. En reiteradas ocasiones se sentía envuelto en un círculo vicioso pero estaba determinado a acabar con aquel ciclo interminable. En cinco años no había logrado olvidar a Celia y Katrina lo había convencido de que era mejor que intentara reconquistarla y no perpetuar aquel sufrimiento, aunque para eso tuviera que exponerse al rechazo.

No paraba de mirar el reloj. Solo eran las diez y media y cada minuto se hacía eterno. «No va a llamar, seguro se arrepintió y ni siquiera va a venir al evento» murmuró, estando de pie en su oficina.

Nada más pronunciar aquellas palabras, sonó su teléfono móvil.

—¡Seguro que es ella! —exclamó Katrina,  que estaba sentada al otro lado del escritorio de Fernando.

—Sí, debe ser ella —replicó Alice la recepcionista, quien acababa de entrar con un par de cafés para sus jefes y le guiñó un ojo a Katrina en gesto de complicidad.

Su empleada sabía todo acerca de la visita de Celia con motivo del evento, pero no sabía que ella y Fernando habían sido novios, así que le creyó a Katrina cuando dijo que la famosa actriz y él solo habían sido amigos.

Sin embargo, mujer al fin, intuyó que ahora que su jefe había regresado a Santa Clara, podrían retomar su vieja amistad y quizás esta vez podría convertirse en algo más. Alice era admiradora de Celia y habría dado lo que fuera por tener al menos la mitad de su belleza y su talento. Dejó el café sobre el escritorio y enseguida se retiró de la oficina.

—¡Por favor, Fer, deja de mirar el teléfono y contesta! —exclamó Katrina.

Fernando tomó aire y atendió la llamada.

—¿Aló?

—¿Fernando? ¿Eres tú?

Era Celia, Fernando recordaba perfectamente su voz, fina, dulce y melodiosa, igual que ella.

—Sí, soy yo, Fernando —contestó aclarándose la voz procurando que no se le notaran los nervios—. ¿Dónde estás?

—En Los Arrayanes.

—Ah, entonces ya llegaste ¿Y dónde te estás alojando?

—En el Hotel Nuevo Horizonte.

Fernando sabía que era el hotel más nuevo y lujoso de esa zona. Por supuesto, a Celia le gustaba lo bueno y tenía cómo costearse lo que quisiera.

—¿Qué tal el viaje? —le preguntó por protocolo porque no sabía qué más decirle, prácticamente tenía la mente en blanco.

—Muy bien —contestó Celia—. El trayecto es muy breve, apenas cuarenta minutos.

Celia se estaba esforzando por sonar natural y que no se le notara ni el más mínimo ápice de disgusto. Quería mantenerse neutral en todo lo que tuviera que ver con Fernando. Durante las largas horas que había permanecido despierta la noche anterior, se había prometido que no se alteraría bajo ninguna circunstancia. Por su parte, Fernando también estaba haciendo todo lo posible por sonar espontáneo y no meter la pata.

Pero eso era en aquel momento. Faltaba ver qué sucedería cuando estuvieran frente a frente.

—¿Alquilaste un carro para los días que vas a estar acá? —le preguntó rezando para que le dijera que no y él poder ofrecerse a buscarla y llevarla.

—La verdad es que no. Tomé un taxi desde el aeropuerto. Mi nana vino conmigo, pero va a aprovechar de visitar a viejas amistades a las que tiene tiempo que no ve.

—¡Nicolasa! Qué bueno que hayas venido con ella, veo que te sigue cuidando como siempre.

—Sí, mi nana es única —contestó Celia, bajando la guardia.

—He encontrado la ciudad muy cambiada.

—Sí, yo también. Es lo que tiene el tiempo, cambia todo —respondió Fernando.

—No todo, hay cosas que permanecen intactas en el tiempo.

Hubo un breve silencio.

—Me gustaría invitarte a comer.

Katrina batió las palmas en el aire e hizo un gesto de aplauso, mientras contenía la emoción para no gritar.

—¿A comer?

—Sí, a comer. ¿No puedes? ¿Tienes planes ya?

—No, la verdad es que no. Pero supongo que estás trabajando.

—Sí, pero…

—Ah, sí. Eres jefe y eliges tu horario…

—Pues sí. Además, ya todo lo referente al evento está programado y el resto del equipo se está haciendo cargo de los últimos detalles. Así que puedo invitarte sin presión de tiempo. Si tú quieres, claro.

Ya Fernando estaba empezando a hablar con más soltura.

—Cuando me enteré de la muerte de Julio ya tú te habías mudado. Lamenté mucho su partida.

—Fue muy doloroso, pero la muerte de mi padre en cierta forma fue también un alivio. Se había deteriorado mucho y no tenía calidad de vida.

—Discúlpame, Celia. No sabía nada —dijo bajando la voz y muy apenado.

¿Cómo lo iba a saber si estaba fuera del país y habían cortado todo contacto?

—No te preocupes, ya pasó. Mi papá también te quería mucho.

Fernando se quedó estupefacto ante la respuesta de Celia. ¿Era posible que ya no estuviera resentida con él por lo ocurrido?

—¿Entonces aceptas mi invitación a comer? ¿O no quieres salir conmigo?

—Sí, sí quiero, no hay problema. Mi nana estará todo el día haciendo visitas, así que yo tampoco estaré presionada por cuestión de tiempo.

—Bien, entonces paso a buscarte a la una ¿Te parece bien?

—Sí, perfecto ¿Sabes llegar al Hotel Nuevo Horizonte o necesitas alguna referencia?

—Sí, sí sé llegar. No he estado allí, pero tengo entendido que lo construyeron donde antes quedaban los galpones de la urbanización Las Palmas en Los Arrayanes.

—Exacto.

Fernando le había dicho a Celia que el tiempo lo cambiaba todo, pero no era cierto. En eso ella tenía razón: había cosas que permanecían intactas. Como el amor que sentía él por ella. Siempre había sido así y siempre lo sería. Tras el dolor de la muerte de don Julio, quizás ella ya lo había perdonado ¿pero estaría dispuesta a volver con él?

Al colgar la llamada, hubo un silencio cómplice dentro de la oficina. Fernando había superado la primera prueba de fuego: hablar con Celia e invitarla a comer ¡y ella había aceptado!

Katrina estaba que saltaba de la felicidad, su rol de celestina había dado su primer fruto.

FLORES PARA CELIA

02/12/2021 2112029953521

Novela corta de romance.

https://www.safecreative.org/work/2112029953521-flores-para-celia

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Maria Florinda Loreto Yoris.

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Publicado por Maria Florinda Loreto Yoris

Publicista y Astróloga venezolana, egresada del Centro de Encuentros Astrológicos Venezolano (CEAV), dirigido por Enrico Mariani, en 1998. Especializada en Astrología Esotérica. Con más de 20 años de experiencia en el campo de la Terapia Floral, en los sistemas Bach, Mediterráneo, Alba, Caribe, Orquídeas del Amazonas y Flores de Valeriano. Autora de "Autosanación por medio de la Astrología y las Flores de Bach" Júpiter Editores 2002. Miembro de Astrólogos del Mundo desde Junio de 2009. Tarotista y Taróloga. Actualmente es Escritora Independiente.

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