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RELATO CORTO: LA EXCEPCIÓN DE LA REGLA, por María Florinda Loreto Yoris. Segunda parte.

La dinastía felina:

Del primer parto nacieron dos gatitos blancos con manchas negras, idénticos a su papá. Las primeras semanas yo desconocía dónde los tenía escondidos la madre, pero ella seguía viniendo todos los días a comer en la terraza y luego se iba a cuidar a sus crías. Por otro lado, César salía diariamente a la misma hora de siempre y regresaba como de costumbre… tocando la puerta de la entrada principal.

Un día sentí un golpe en el techo del patio y me asomé por la ventana de mi habitación. Fue la primera vez que vi a los cachorros y supe que eran dos. No pensé que hubiera una escena más hermosa que esa: la gata los había colocado en el techo para que tomaran sol y así estuvieron un buen rato, mientras su papá iba a caminar. Al regresar, César se quedó con los gatitos y ella aprovechó para ir a dar una vuelta por la urbanización. Sí, era un matrimonio monógamo en el que, además, ambos compartían la responsabilidad de la crianza de los hijos.

Los días iban pasando y constaté que mis gatos cumplían una rutina. Yo disfrutaba viéndolos tomar sol en el patio, pero lo que más me seducía era el comportamiento que tenían como núcleo familiar. Ya los gatitos iban creciendo y a César le correspondía empezar a enseñarles “cosas de gatos”, acordes con la edad. Una mañana me asomé por la ventana de mi cuarto y ví la segunda escena más bella que pueda recordar.

La primera clase práctica de papá sobre cómo cazar mariposas.

Los dos gatitos, sentados frente a papá, observaban con atención los movimientos casi artísticos que hacía su progenitor, dibujando pequeños círculos en el aire, primero con la pata izquierda y luego con la derecha. Después de que él hacía cada giro, los miraba fijamente a los ojos para indicarles que debían hacer lo mismo. Lo curioso es que había dos mariposas silvestres, de un brillante color amarillo, revoloteando sobre sus cabezas y César no las cazó. Sólo las miraba y dibujaba los círculos en el aire para que los cachorros supieran cuándo y cómo debían hacer lo mismo. Esta escena se repitió varios días seguidos, con mariposas incluidas, y la clase terminaba cuando los gatitos lograban hacer varios círculos cada uno.  Todo iba viento en popa, hasta que la fuerza del destino me indicó que, de no tomar medidas, estaba a punto de ser la sucesora de Brigitte Bardot.

Cuando transcurrieron cuatro meses, la familia creció y la rutina se cumplió con rigor. Con el pequeño detalle de que ahora los cachorros eran cinco, dos del primer parto y tres del segundo. Mis matemáticas elementales arrojaban que yo tenía tres perras adultas y siete gatos. Todo porque la divina providencia me había obsequiado al único gato fiel de este mundo.

Era un hecho, los gatos se habían instalado a vivir en mi terraza y todo apuntaba a que se estaba creando una dinastía felina. Al principio yo no quería aceptar la gravedad del asunto y evadía el tema, pero había una realidad: César continuaba en relación monogámica con una gata espectacular que de ordinaria no tenía nada, la había traído a vivir a la casa y entre los dos se hacían cargo de sus cinco hijos, pero era yo quien los alimentaba.

Las semanas transcurrían a la velocidad del rayo y como es natural, comenzaron los eventos. ¡Los tres gatitos más pequeños eran terribles! No solo entraban y salían a sus anchas, sino que además ¡se robaban la comida! Eso fue lo que me indicó que eran hembras ¡y qué agilidad tenían!

—¡Juanitaaaaaaa! —grité desesperada desde la cocina, con los ojos clavados en el techo del lavandero.

—¡Dígame! ¡¿Qué pasa?! —contestó de inmediato mi salvadora que se encontraba lavando el baño.

—¡Veeeeeeen, apúrate!

Cuando Juanita soltó lo que tenía en las manos y fue a auxiliarme, me encontró con los ojos desorbitados sin saber qué hacer. De las tres gatitas, dos se habían trepado por el ventanal del lavandero. Una estaba caminando por el borde de unas tablas que tiene el techo y la otra se estaba balanceando sujeta por las garritas. Estaban gozando haciendo malabares ya a punto de caer al suelo. Con velocidad me subí a la escalera portátil para bajar a la que se balanceaba y Juanita, por otro lado, se subió a una silla para intentar bajar a la otra. En ese momento los ladridos de Kitty me recordaron que faltaba una de las gatas. Por desgracia, y para mi total desesperación, la tercera se había salido de la terraza y mi poodle la había arrinconado contra la pared. Por suerte llegué a tiempo y no se la almorzó. Era definitivo: había que tomar una decisión.

Juanita lloró el día que le dije que no podíamos seguir dando albergue a tantos animales. Traté de explicarle lo complicado que iba a ser para las dos y al final me comprendió. Me amparé en que los gatos son independientes y que siempre resuelven. Entonces optamos por clausurar el restaurante felino en el que habíamos convertido la terraza. No dejaríamos más platos llenos para cuando vinieran y ellos tendrían que mudarse. La mudanza ocurrió, pero de manera paulatina. Las visitas se fueron distanciando hasta que un día no regresaron. La última vez que vi a César fue en medio de un pleito con dos gatos más, a las tres de la madrugada, en el edificio que colinda con mi patio. Dio tres vueltas en el aire mientras le clavaba las garras a uno de sus contrincantes, al mejor estilo Ninja, y cayó de pie como los grandes. A veces pienso que lo hizo justo frente a mi ventana para demostrarme que, si bien era un gato fiel, su espíritu le pertenecía a la calle. Han pasado veinte años desde entonces, y todavía recuerdo a César siempre que me topo con un gato.

César Augusto

El maestro de vida que me enseñó por qué toda regla tiene su excepción y me mostró que  incluso un gato puede ser fiel, monógamo, considerado y padre responsable.

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Maria Florinda Loreto Yoris.

Twitter e Instagram: @mariafloreto

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También puedes visitarme en:

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Publicado por Maria Florinda Loreto Yoris

Publicista y Astróloga venezolana, egresada del Centro de Encuentros Astrológicos Venezolano (CEAV), dirigido por Enrico Mariani, en 1998. Especializada en Astrología Esotérica. Con más de 20 años de experiencia en el campo de la Terapia Floral, en los sistemas Bach, Mediterráneo, Alba, Caribe, Orquídeas del Amazonas y Flores de Valeriano. Autora de "Autosanación por medio de la Astrología y las Flores de Bach" Júpiter Editores 2002. Miembro de Astrólogos del Mundo desde Junio de 2009. Tarotista y Taróloga. Actualmente es Escritora Independiente.

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